jueves, 26 de noviembre de 2009

RAZON DE MI AUSENCIA

Recibí una llamada que me dejo de piedra, al otro lado de la línea desde Bogotá,
Lucia, fisioterapeuta, su hija menor y madre soltera, entre llantos balbuceaba
una noticia inteligible pero oscura. Después de un rato logre que se calmara,
sin embargo me sorprendió la entereza con la cual lo asumió, no tuve q darle
muchos ánimos, su única preocupación era q no era capaz de decírselo a sus
hermanos, yo tendría que dar, también a distancia esa noticia.


Marque rápidamente a varias amigas de Maria, ingeniera, la hija del medio; quien
se encontraba el viernes en la noche en algún lugar de Valencia, para q cuando
tuviese que darle esa noticia, también a la distancia y a travésde celular, ella
no estuviese sola y el dolor que le iba a procurar no fuese más allá del intimo
y profundo dolor mitigado cuando no estas solo.


Abrí mi cuenta de correos personal, hice clic en nuevo mensaje y luego busque
a Carlos, PhD en economía, y el hijo mayor el cual se encontraba leyendo en
alguna biblioteca en algún lugar de Massachussets; el mensaje fue corto,
siempre han sido ha sido así.


...

Mamá Miriam era una mujer dura, creció con la violencia irracional que desoló
el campo hace más de 60 años, fue desde muy niña madre: primero de sus
hermanos, después de sus estudiantes, más tarde de sus hijos y de su
nieto y como ella misma lo decía, de su marido. Era católica ferviente y de
hábitos inamovibles; y cómo diría Sabato, era un hombre como los de antes, de
los que se conocen al solo mirarlos, q terminan lo q comienzan y nunca emiten
una queja, pero era mujer y su mayor orgullo era haber sacado adelante junto a
su marido a tres hijos profesionales, levantados con humildad y respeto, pero
con la libertad suficiente para dejarles elegir su propio camino.


Su fortaleza la blandió hasta el último instante, su familia nunca supo de un
problema de salud y por eso cuando su vida se extinguió fue una sorpresa
certera pero con algo de alivio porque fue algo natural pero fulminante lo que le
cegó mientras caminaba sola y orgullosa: un infarto interrumpió su última
caminata en el parque de los eucaliptos a donde sagradamente acudía a hacer
gimnasia todos los días, era el ritual al que acudía para mantener su cuerpo
después de la misa y cuando este se poso sobre el suelo, su espíritu lo abandono
suavemente. Alma, cuerpo y familia con los deberes hechos, así era ella.



...


- Maria: sabes que te quiero y a pesar de la distancia estas en mis pensamientos

- Qué pasa?

- Maria, tu madre ha muerto....


...


Carlos:

Tu madre ha muerto, pero quisiese que no interrumpieses lo que estas haciendo.

....


Carlos y Maria no acudieron al funeral de su madre, pero pudieron llorarla como
hacen en la mayoría de los casos los hijos a sus padres y no como le sucede a
cientos de miles de personas que aún no saben ni donde se encuentran sus
seres queridos, ni que razón oscura justificó que la violencia se los llevará; no lo
entendí hasta que vi a Maria y la acompañe un par de días en su duelo solitario
lejos de su familia.



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