Es indiscutible que todos queremos justicia, sin embargo el rasero que pondera las situaciones por ella sopesada, siempre varia, como expresión del tiempo, el lugar, así como el contexto que engloba la situación y sin lugar a dudas de quien la aplica o la quiere aplicar.
Hace un par de días fue capturado el autor de las amenazas de muerte proferidas desde un grupo de FB hacia los hijos del Presidente. En ejemplo de celeridad de la justicia colombiana, la cual mostró que puede ser eficiente para frenar las acciones que atenten contra la sana convivencia ciudadana. Jerónimo y Tomas Uribe, las victimas de tales amenazas, han hecho público un comunicado donde expresan sus deseos en pro de que el autor pueda resolver prontamente su situación ante la justicia y volver pronto al seno familiar, como un gesto de cordura en pro de una sociedad en permanente tensión. Sin embargo quisiera expresar la necesidad en pro de un aporte más amplio a un país que lo necesita.
Una amenaza no es un hecho simple, aunque puede ser reducido a la expresión verbal previa al hecho físico que esta manifiesta y en consecuencia a su autor como un peligro para la sociedad; en consecuencia la acción pronta de la justicia y el comunicado de Jerónimo y Tomas Uribe sería una justa respuesta a esta situación: el autor en la cárcel y las victimas expresando unos deseos sobrios en una sociedad convulsa.
Hace cerca de un mes unos hijos de la violencia ejemplificaron una acción que aborda otro punto de vista, victimas reales de hechos concretos y dolorosos que han enlutado al país dejando cicatrices profundas en su sociedad se dieron la mano en señal de reconciliación y perdón: los hijos de Galán y Lara Bonilla se encuentran con el hijo de Pablo Escobar.
Tal vez no halla una relación directa entre el uno y otro hecho, sin embargo creo que muestran esos contrastes de nuestra sociedad: la resolución ejemplarizante de un delito y una comunicación sobria por parte de las victimas y por el otro inmensos vacíos de justicia que no han impedido encontrar caminos hacia una mejor convivencia.
Jerónimo y Tomas Uribe gozan de una posición que para muchos es envidiable, pero que a muchos les puede parecer injusta, tanto que puede generar un sentimiento que a todos en la sociedad moderna no es muy común: frustración, sentimiento que muchas veces es más poderoso que el miedo y a muchos ha llevado a descargar la ira y convertirla en agresión o a las cotas más altas de la violencia irracional que ya todos conocemos.
No quiero decir que toda expresión violenta puede ser perdonada a partir de reducirla a sentimientos elementales, nuestras circunstancias son muchos más complejas, pero podríamos estar ante una circunstancia que nos acerque más a una sociedad menos convulsa y más igualitaria, una que le puede dar la oportunidad de redimirse a alguien y a otro mostrar que puede ayudarlo, si se le han abierto las puertas a personas que han inflingido profundas y aun abiertas cicatrices en la sociedad, ¿porque no hacerlo ahora y mostrar un ejemplo de reconciliación y perdón que estimule a tantos jóvenes evitar hacer lo mismo motivados por la posibilidad de un cambio positivo y no por el miedo? es solo detenerse un momento.
viernes, 4 de diciembre de 2009
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